DICIEMBRE 2024. Disfrute y aprenda de un VIAJE A VENECIA en compañía de Galdós, con sus enseñanzas sobre esta famosa Ciudad Italiana.

He dejado de lado a los Episodios Nacionales para realizar un viaje que tenía pendiente de un regalo de mis Bodas de Oro de mis siete hijos. Tanto me insistían que no tuve más remedio que realizarlo, con mi mujer y algunos de ellos, en los primeros días de noviembre, de este año. 

De acuerdo con mi obsesión por Galdós (podríamos calificarlo de tara) recordé que el famoso historiador había escrito muchos de sus viajes a Europa con sus queridos amigos Pereda y Alcalá Galiano. Ni corto ni perezoso buceé en mis archivos en busca de posibles informaciones relacionadas con la Venecia que Galdós hubiera podido visitar. 

Tuve suerte. En el libro Recuerdos y Memorias, de Federico Carlos Sainz de Robles, editorial TEBAS, 1975, Madrid, nos cuenta (P-9) que en, 1984, Galdós permaneció varios meses en Italia, visitando sus principales ciudades, y pocas líneas antes “que en 1879 inició sus frecuentísimas colaboraciones, en el diario La Prensa de Buenos Aires”. Ambas informaciones nos han dado pistas, de hace más de 100 años sobre la Venecia que contempló Galdós. 

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En el mismo libro de Sainz de Robles encontramos al final (p-193) el famoso libro de Galdós  Memorias de un desmemoriado, escrito a petición de un amigo cuyo nombre no indica, que le ha animado a escribirlo a pesar de los fallos de su memoria: - “Simplón, le dice, no temas dar a la publicidad los recuerdos que salgan luminosos de tu fatigado cerebro y abandona los que se obstienen en quedarse agazapados en los senos del olvido… resurgirá la vida con nuevas manifestaciones de vigorosa realidad”.

Releyendo el libro en busca de las noticias de Venecia, caigo en la cuenta que el libro puede ser un magnifico complemento a mi tesis sobre los Episodios Nacionales de Galdós, desde el punto de vista histórico, porque relata cómo fue escribiendo los Episodios durante su vida, de forma cronológica, y narrando los sucesos que iban transcurriendo en España mientras el mismo los vivía. Casi resulta un nuevo Episodio Nacional continuación del último de los que trate en la tesis: “Narváez”, tercero de la cuarta serie de diez,  que abarca hasta 1853. Veamos lo que dice: 

“Omito lo referente a mi infancia, que carece de interés… El 63 o el 64 -y aquí flaquea un poco mi memoria- mis padres me mandaron a Madrid a estudiar Derecho… En aquella época fecunda en graves sucesos políticos, presencié el escandaloso motín de la noche de San Daniel, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil: Los cañonazos atronaban el aire… Madrid era un infierno… Como espectáculo tristísimo… el paso de los sargentos de Artillería llevados al patíbulo en coche de dos en dos… para fusilarlos… los vi pasar en compañía de otros amigos. No tuve valor para seguir la fúnebre traílla y corrí a mi casa (…)                   

(…) Entramos en España por carretera en viaje molesto y peligroso, hasta parar  en la ciudad de Figueras (venía de París en 1868 con varios familiares), donde tomamos el ferrocarril para ir a Gerona. Vi y examiné esta población a mi gusto, visitando sus monumentos y recorriendo todas sus calles y plazas. Qué lejos estaba yo de pensar que seis años después había de escribir el Episodio Gerona!(…) (Aquí recibimos datos del ferrocarril, que mi tesis se detuvo en 1853 con la inauguración del Madrid Aranjuez, y poco antes Barcelona Mataró).

Al llegar a Barcelona me encontré… con la  revolución de España, que derribó el Trono de Isabel II. Eran los últimos días de septiembre… llegó la noticia de la victoria de Alcolea, y ¡Viva España con honra!… ¡Abajo los Borbones! ¡Adiós generosa Isabel; hasta que volvamos a vernos en París, Palacio de Castilla, donde has de contarme interesantes casos de tu azaroso reinado!... rogué a mi familia que me dejase en Alicante… Del muelle corrí a la estación, poco después me metía en el tren para Madrid(…) (Otra noticia de la evolución del ferrocarril en España que trato en mi tesis, solo a partir de 1853) a las pocas horas de llegar…  tuve la inmensa dicha de presenciar, en la Puerta del Sol, la entrada de Serrano… Ovación estruendosa, delirante (…)

(…) A los pocos días de presenciar… la entrada del general Serrano vi la entrada del general Prim, el héroe popular de aquella revolución. El delirio de la multitud llegó al frenesí… De Zaragoza recibieron nuestros gloriosos generales una invitación para asistir a un certamen de artes e industrias… Prim no pudo ir porque tenía que quedarse en Madrid al frente del Gobierno, unos amigos me colocaron a mí, que en aquellos días escribía en no sé qué seminario… sin detenerse pasaba el tren por las estaciones, y en la de Sigüenza ocurrió un gracioso caso. En el andén estaba el pueblo en masa con todas las autoridades, y entre ellas el Obispo… Serrano que al paso veloz del tren reconoció en el Obispo a su amigo Benavides, mando parar y retroceder… se abrazaron el general y el prelado, y el pueblo prorrumpió en aclamaciones frenéticas mientras el chinchín de la música amalgamaba compases del Himno de Riego con la Marsellesa ()

(…) la recepción que nos hizo el pueblo zaragozano… Discursos en calles y plazas… Por la noche, funciones teatrales, banquetes… Al día siguiente, tempranito, me eché a la calle… En pocas horas recorría sin guía el Coso… el Pilar y la Seo… la puerta del Carmen, acribillada por los balazos de los famosos sitios… Mucho aprendí en aquel primer viaje (…)

(…) Nuestro regreso a Madrid no careció de notas que pudiéramos llamar históricas… Los periodistas veníamos en un mixto (Más historia del tren)… sobre la marejada de aquellas disertaciones… flotó la idea de que las Constituyentes se inclinarían a mantener el principio monárquico.. Tal era la idea de Prim, alma y verbo de nuestra revolución… en Madrid… volví a poner mano en La Fontana de Oro… En mi narración se apodera de mí el sueño cataléptico… La memoria refunfuña… Mí memoria despierta… y exclama: “Menguado, despabílate, ¡han matado a Prim!” ante mis ojos… desfila el cadáver de Prim saliendo de Buenavista para ser conducido a la iglesia de Atocha, y al siguiente la gallarda figura de Amadeo de Saboya, que después de contemplar en la Basílica el cadáver del caudillo, entraba a caballo a  Madrid para dirigirse  a jurar la Constitución ante las Cortes.

¡Día tristísimo, nevado el suelo… y el pueblo soberano admirando silencioso la gentileza del nuevo Rey! (…)

(…) Dejadme ahora en mi sueño cataléptico… Siento pasar el 70, el 71, y a mediados del 72 vuelvo a la vida y me encuentro que, sin saber por qué sí ni por qué no. preparaba una serie de novelas históricas breves y amenas. Hablaba yo de esto con mi amigo Albareda… que no sabía qué título poner… José Luis me dijo:

-Bautice usted esas obritas con el nombre de Episodios Nacionales… me preguntó en qué época pensaba iniciar la serie, brotó de mis labios… Trafalgar… El tomo Trafalgar… se publicó en los primeros meses del 73, y en el mismo año di al público los tres tomos  siguientes: La Corte de Carlos IV, El 19 de marzo y el 2 de mayo y Bailén. Al año siguiente… otros cuatro y a principios del 75 terminé la serie con La batalla de los Arapiles… La primera serie tuvo tan feliz acogida por el público que me estimuló a escribir la segunda… allí están la Masonería, las trapisondas del 20 al 23… la primera salida del pretendiente para encender la guerra civil. Interrumpí esta serie con nuevos trabajos (De los cuales nos cuenta Galdós el título de varias de sus novelas famosas y de que no se ocupaba del teatro) (…)

(…)De la Restauración, de la existencia relativamente corta del rey Alfonso nada diré en estas páginas. Refiriendo en otras los dos casamientos de este simpático soberano… (que murió, en 1885)… El 23 de noviembre… de cruel enfermedad, en la flor de los años. Ocurrió en El Pardo este suceso, no por previsto menos lastimoso. Al día siguiente falleció el general Serrano. Proclamada la Regencia de María Cristina subió Sagasta al Poder… un amigo mío… indicó a Sagasta que me sacara diputado por las Antillas… Las elecciones en Cuba y Puerto Rico se hacían por telegrama… A mí me incluyeron en el de Puerto Rico… en la primavera del 86 se abrieron las Cortes. El que esto escribe tuvo la satisfacción de ser incluido en la Comisión del Congreso que asistió a Palacio al acto solemnísimo de la presentación del recién nacido soberano de España, Don Alfonso XIII; el 17 de mayo de 1886” (p-203 y anteriores)

A continuación, se siente Galdós abandonado por su memoria y pide ayuda a su gran amigo Pereda que le recuerda sus últimos viajes y su última obra Lo Prohibido, ya sin dar fechas. Siguen varios capítulos con muchos viajes más por Europa con muchos detalles de las cosas importantes que observa: Portugal, con Pereda; Paris, el Rhin; etc. Su vida en Madrid al regreso; vida parlamentaria; su visita a la Exposición de Barcelona, en la primavera del 88, donde fue invitado a comer, en su condición de diputado, con la Reina Regente María Cristina y el rey de Suecia Oscar II del cual cuenta: “En el final de su reinado surgió en los pueblos escandinavos el grave problema de la separación de Noruega (sin fecha p-210). 

Luego describe con detalle sus grandes viajes con Alcalá Galiano: Holanda y sus principales  ciudades. De Ámsterdam nos dice que está construida sobre canales como Venecia (la primera mención en su libro de Venecia cuya descripción estamos buscando). Sigue por Alemania y varias de sus ciudades con documentadas ilustraciones sobre sus maravillas. En el palacete Sans Soucil, labrado por Federico el Grande, recuerda Galdós una anécdota hispano prusiana que transcribimos (p- 211): “Cuentan que el Embajador de Carlos III de España… llegó a la presencia del rey de Prusia, y… le dijo: - Sire mi augusto Soberano desea que Vuestra Majestad se digne informarle de la táctica que ha usado en sus gloriosas campañas militares… el gran Federico quedó suspenso y entre risas y burlas contestó: -Pero ¡señor Embajador, si mi táctica es la española! La aprendí en la magna obra del marqués Santa Cruz de Marcenado, que usted como general conocerá sin duda… - Sí Majestad, la conozco pero… el gran Federico… cogió de la mesa próxima un papel de música… Yo la considero obra maestra por su brevedad solemne y grandiosa. Llévela  usted de mi parte a Su Majestad católica para que la adopte como Himno… Ved… cómo vino a España la Marcha Real… como me lo contaron os lo cuento.  

Desde allí sigue Galdós con su compañero recorriendo más ciudades  de Alemania y se interna a Dinamarca donde visita la capital Copenhague y piensa en Hamlet (p-215): “Mi amigo y yo… preguntamos cómo iríamos a ver las famosa murallas de Elsinore, donde se desarrollan las primeras escenas iniciales  del primero de los dramas que en el mundo han sido… En menos de una hora de tren pueden ustedes ir allá. Ningún viajero se va de Copenhague sin dar un vistazo al lugar donde el rey difunto volvió del infierno para contarle a su hijo lo que todos sabemos”, (su asesinato)            

                                    

       Copenhague verano 2024 (viaje familiar, fin excursión similar a Galdós en busca de Hamlet)

Tras ello regresan a Madrid. Galdós alega que la memoria le abandona  y no recuerda el derrotero que siguieron para volver a Madrid. Pero sí que volvió solo a Madrid. Y emprendió el trabajo de varias de sus obras: Miau, La IncógnitaRealidad. Y preparó con Pepe Galiano una escapada otoñal. “¿Adónde iríamos? A Italia… nos reunimos en Londres, pasamos el Canal de la Mancha, y en París tomamos billetes de ida y vuelta a Italia, yendo por el Monte Cenis… Atravesad los Alpes por el túnel más grade que en el mundo existía” (P-214-215) Y aquí empieza Galdós a hablarnos de Venecia, cuyas enseñanzas pensamos utilizar en el viaje anunciado a esa ciudad desde el principio de este trabajo. Que, como anunciamos, nos iba a permitir recordar algunos sucesos de España interesantes (como así ha sido), tal como los vivió Galdós, en sus años de estudiante de Derecho en Madrid, periodista y escritor. Y que, de alguna forma, prolonga mi tesis desde 1805 hasta 1853 (50 años de Historia) en que la cerré, con  el Episodio Narváez, como he dicho.  Un resumen sucinto de todo ello puede ser:

--1863-1864: llegada de Galdós a Madrid. Como nació en 1843, tiene ya  20 años.

..1865: Sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil. Son llevados al patíbulo y fusilados. Galdós presencia la comitiva.

-- 1868: Vuelve Galdós de un viaje a París por carretera a Figueras. Viaje en ferrocarril a Gerona (en 1853 primer ferrocarril a Aranjuez, según tesis). En septiembre se encuentra Galdós en Barcelona con la revolución de España: derribo del trono de Isabel II. Victoria de Alcolea ¡Abajo los Borbones! En Alicante coge el tren a Madrid. Presencia entrada de Serrano y general Prim, héroe popular de la revolución. Sube al tren Galdós para Zaragoza. Tren detiénese y retrocede a Sigüenza para saludar Serrano al  Obispo. Pueblo prorrumpe en aclamaciones. Himno de Riego y Marsellesa. En visita a Zaragozaobserva balazos de los famosos sitios de la Guerra de la independencia. 

 1 Viaje a Venecia  de Galdós

Entran en Venecia nuestros viajeros (Galiano y Galdós) huyendo de las inundaciones que les sorprendieron en la ciudad de Verona. “Dominados por la obsesión de las figuras shakesperianas, nuestro primer pensamiento en Venecia fue buscar las huellas del valiente Otelo y del pérfido Yago. Ya no estaban allí; se habían ido a Chipre donde tenían campo más ancho para su tragedia. Al que sí encontramos pasando por el puente Rialto fue a Shylock, el terrible avariento, que aun lloraba la fuga de Jessica y la desaparición de su tesoro por la sentencia de la hermosa y justiciera Porcia. No me detendré en describir los encantos de Venecia que son hartos conocidos en el mundo literario” (P-215)  Transcribimos este párrafo de Galdós por si alguien lee estas líneas y tiene afanes literarios y quiere venir a Venecia preparado. Con lo que sí nos quedamos fue con el Puente Rialto. Vimos, una vez en Venecia, que era el lugar de peregrinación de los miles de turistas que visitaban la ciudad con nosotros. 

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                              Puente Rialto y Gran Canal con embarcaciones

 

Otro apunte interesante de Galdós es la nominación de los principales monumentos, sin tratarlos con extensión, porque el autor lo considera un amaneramiento (¿) “de San Marcos, del Palacio Ducal, de las palomitas, ciudadanas predilectas del Municipio, que  a las doce en punto acuden a comer a la plaza, del Gran Canal, del Puente de los Suspiros, del Colleone, el soberbio jinete cuyo caballo, rival de los de Lisipo, es el asombro de los venecianos, del Museo de San Zenipolo, donde existe lo mejor de la  pintura veneciana, de los palacios, de las góndolas, del Arsenal del Lido y demás encantos de la ciudad entre los cuales no puedo contar la infinita plaga de mosquitos” (p-215) (Que nosotros no vimos, y que hicieron huir a Padua a nuestros amigos).  

Como dijimos al principio del trabajo, existe otro lugar en el que Galdós ha podido dar datos sobre Venecia: en sus colaboraciones en el diario La Prensa de Buenos Aires. Gracias al desarrollo de Internet hemos encontrado un estudio de una profesora que recoge datos sobre el particular que pueden ser interesantes, y que pasamos a exponer.

Poniendo en Google “Galdós viaje Venecia prensa de Buenos Aires”, nos sale en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes un Artículo de la profesora  María Cristina Carbonell, de la Universidad de Barcelona, titulado “Benito Pérez Galdós viajero y observador del arte italiano”. Es un excelente artículo  en el que se relatan los viajes de Galdós en noviembre de 1888 con su amigo Alcalá Galiano algunos de los cuales hemos seguido arriba en el libro de Galdós Memorias de un desmemoriado, hasta llegar a Venecia.  Apunta  la profesora que aunque el escritor piense en un reportaje histórico cultural  “no puede menos que reconocer, deambulando por las calles venecianas, que (…)

(…) Aunque el interior de los palacios y de las iglesias de Venecia ofrece innumerables hermosuras a la admiración del viajero, más interés encuentro en recorrer la ciudad por canales y callejones (que en el dialecto italiano se llaman calles, como en nuestra lengua), que en ver la espléndida decoración externa de sus monumentos, en examinar los tipos y fisonomías de la raza y en contemplar aquel mar que a ningún otro se parece por la placidez y el  brillo de sus aguas… esta Venecia que sorprende al viajero con sus  extraños silencios ritmados en el ocasional chasquido de los remos en los canales”.

Con estas nuevas enseñanzas que nos aporta Galdós de las calles venecianas, que él  considera del mayor interés, y que seguramente se olvidó de poner en su libro de Memorias, y la enumeración de los principales monumentos que tampoco explicó en el libro, creemos que partimos a una aventura desconocida con nuestro viaje a Venecia. Estamos dispuestos a recoger los datos que faltan a favor de los posibles lectores que puedan leerlo. 

 

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2 Viaje a Venecia familiar

2.1  Viernes 1 de noviembre. Día de Todos los Santos.

¿Aquí quién manda? Quién va a mandar: la familia. Hicimos cálculos previos de aviones, hoteles y demás.  Al final a la T4 en avión a las nueve de la mañana,  sin que nadie esperara en el aeropuerto italiano y allí cogeríamos un barco a Venecia, y a un apartamento alquilado en la ciudad. Yo iba un poco de maleta (o un mucho) y en la T4 llegué a la conclusión de que en aquel 1 de Noviembre de 2024 muchos habían tenido la misma idea que nosotros: irse a Venecia. Nos llamaron por teléfono que podíamos (o algo así) facturar otra maleta con lo cual nos tuvimos que trasladar a otro mostrador, que mi hija despachó con facilidad pasmosa. Parece que está acostumbrada  a resolver esas cosas. Al entrar en el avión como, al parecer, estaba al completo nos dijo la azafata que podíamos dejar el equipaje de mano dentro de la bodega del avión y nos mostró la portezuela, pero no creímos necesario hacerlo y nos acoplamos perfectamente en nuestros sitios, usando los maleteros superiores.  Hicimos el viaje sin contratiempos y sin turbulencias. Al llegar al aeropuerto retiramos nuestras maletas y nos dirigimos a la salida. Había unas oficinas de información que nos atendieron muy atentas. Nos procuraron los billetes del vaporetto que nos trasladaría  a la ciudad  y  donde debíamos bajar para llegar a nuestra casa. Tendríamos que  haber comprado el plano que vendían por tres euros (que más tarde hicimos) y nos vino muy bien. Aunque los móviles ayudan mucho (al que los sepa manejar, que no es mi caso).

Siguiendo la cinta automática, que de tramo en tramo informa sobre lo que falta para llegar al embarcadero (menos de media hora), esperamos a nuestro vaporetto que es un barquito para unas cien personas que resulta muy simpático porque hay varios que te mueven por toda Venecia, incluido el centro de la ciudad por el Gran Canal. Por el pasillo por donde discurre la cinta hay muchos cuadros en las paredes muy interesantes sobre los edificios de Venecia, decidimos que a la vuelta haríamos fotografías porque te daban una idea  de los tesoros que aloja Venecia y te recuerdan lo que dice Galdós de sus viajes recogidos en líneas anteriores por la profesora de Barcelona (esplendida decoración externa de sus monumentos).

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Plaza de San Marcos en aeropuerto de Venecia

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Otra vista de San Marcos en busca del vaporetto

Por fin llegó el vaporetto, nos acoplamos en los asientos y huecos disponibles y cruzó el mar que estaba a nuestros ojos, con postes de madera de trecho en trecho clavados en el agua que marcaban el camino a la embarcación. De vez en cuando nos adelantaban unas lanchas con gran velocidad en la cuales se leía taxi, cuyo precio debía ser mayor y en las que viajaban dos o más personas según su capacidad. Poco a poco aparecieron en lontananza los primeros edificios que parecían ser los de Venecia. Nuestra primera parada fue en Murano, en la cual bajaron 4 o 5 personas nada más; con posterioridad nos enteramos de la gran importancia de la zona. Siguió el rumbo el barco hacia los edificios cada vez más cercanos de Venecia, pasando cerca de una zona monumental que parecía un cementerio. La siguiente parada ya era la nuestra, próxima al apartamento. En una larga explanada que hacía la función de un gran puerto de vaporettos. 

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Desde allí nos dirigimos a nuestro alojamiento con las maletas, subiendo un puente con escaleras que pasaba por encima de un canal que penetraba en la ciudad desde el mar. En lo alto descubrimos una larga calle cuyas casas daban al canal lleno de barcas ancladas en las puertas con motores fuera bordas, pero no vimos ninguna góndola. Nuestro apartamento estaba en una calle corta y estrecha: Calle Colombina. Las chicas de la limpieza nos dijeron que hasta las tres no podíamos entrar. Salimos fuera a comer.

En el restaurante donde entramos a la vuelta de la calle, nuestra primera experiencia con la información de Galdós sobre el callejero veneciano; nos atendieron muy bien con el equipaje incluido y con camarero muy simpático que sabía algo de español y le gustaba nuestro idioma. Ante su buena disposición le enseñé a decir que estaba rica la comida en español y como repitió rica le contesté que riquísima, que también repitió. El establecimiento  tenía una estrella Michelin. Nos llamaron la atención unos vasos verdes preciosos y le peguntamos por ellos. Nos contó que eran de la isla de Murano famosa por su cristal, nuestra primera parada del vaporetto. Luego nos enteramos que toda Venecia estaba inundada de tiendas con maravillas de todo tipo de ese material.

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Restaurante Algiubagio

Tras la comida, una españolada: la siesta, esperando la llegada da nuestra nueva hija, Covadonga, que venía en avión desde Barcelona y que haría nuestro mismo viaje desde el aeropuerto. Nos avisó al llegar y como estábamos al lado le dijimos que la esperábamos  en el apartamento, que por cierto nos gustó mucho, espacioso  y techo alto, nuevo, aunque tenía una escalera de entrada larga y con bastante pendiente. Estaba calificado de turístico. Pensamos en el problema que tenemos en España con estos pisos en la actualidad y que los habremos copiada  de Venecia por su gran turismo. Teníamos un problema con las duchas y calefacción pero estábamos en tratos para solucionarlo.

Covadonga tardaba en llegar pero nos dijo que pronto lo haría. Lo que llegó enseguida fue la noche,  pero ella no. Como no sabíamos lo que pasaba salimos en su busca. La búsqueda fue por un dédalo de largas y estrechas calles por los alrededores siguiendo el GPS en el móvil hasta dar con ella fácilmente en una plaza con varios bares y tiendas y bancos  muy agradable, después del paseo por varias calles desiertas, estrechas y semi oscuras que daban algo de temor. Con ella comprobamos que la información de Galdós era muy consecuente. Lo que le pasó a mi hija fue que al llegar al puente del embarcadero por el que pasaba el canal marítimo, anteriormente narrado, se desvió para salvar las escaleras con su gran maletón  y luego se le estropeó el GPS. Se aprendió lo de Galdós de las calles  casi de entrada en Venecia. Todas se fueron al apartamento a dejar sus trastos. Mi mujer y yo las esperamos en la plaza antedicha.

Durante la espera vimos los bares de la plaza por si nos sentábamos y la tienda. Allí mi mujer me enseñó unas máscaras que se emplean en los carnavales de Venecia y son muy famosas, algo que yo ignoraba y tenemos en casa alguna, regalo de nuestras hijas viajeras. La tienda mostraba una multitud a cual más bella. Mucho después vimos muchas tiendas que vendían estas curiosas y admirables  máscaras. Y ya en Madrid, al regreso, un reportaje del carnaval al que se apuntan todos los venecianos y venecianas y los turistas. Muy colorido y muy alegre.

 

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Cuando nos reunimos los cuatro, estuvimos sentados en uno de los bares en una mesa disfrutando del buen ambiente que reinaba en la plaza, cuyo nombre no recuerdo, hasta que decidimos conocer las calles del centro y dirigirnos a la catedral. Las calles estaban llenas de tiendas y abarrotadas de turistas, con señales en las paredes indicando la dirección de la Iglesia de San Marcos. Pronto llegamos a la gran plaza del mismo nombre, donde se encontraba la catedral majestuosa y el gran monumento del Palacio Ducal pegado a ella, como nos adjetivó Galdós de los monumentos venecianos. Intentamos entrar en Palacio pero estaba cerrado, así  que nos dirigimos a la iglesia a ver si había más suerte. Y la hubo. La misa acababa de terminar  pero se permitía entrar en ella a rezar, según anunciaban los carteles en la entrada con sus correspondientes vigilantes uniformados. Nos llamó mucho la atención la gran cúpula de la basílica con sus variados colores  y su gran luminosidad de estilo bizantino. No faltaba hacia la derecha una imagen de la Virgen, junto a otras imágenes. Según Wikipedia la construcción realizada en ladrillo en su mayor parte se recubrió con mármoles orientales, escultura, bronces,  mosaicos y columnas para dar impresión de lujo y suntuosidad, como dice Galdós de otros edificios; destaca el profuso empleo de oro en los mosaicos, que dotan de una cálida luz al ambiente.  El retablo del altar mayor de San Macos es universalmente considerado como el    más refinado del bizantino, según leímos en Wiki Arquitectura. 

Visitada la catedral salimos a un gran paseo que daba al mar, parada de varios vaporettos como el que nos trajo del aeropuerto. Al pie de los edificios había muchos restaurantes. Como era ya muy de noche entramos en una de las terrazas que cubrían el paseo y disfrutamos de unas excelentes pizzas, cena por excelencia de los italianos y que otros prefirieron espaguetis con frutos del mar. Terminada la cena seguimos en esa dirección pensando  que llegaríamos a nuestra casa, aprovechando los puentes que discurrían entre  los canales que penetraban en las calles desde el mar y que eran muy visitados por la gente desde lo alto. Admiramos diversos y preciosos adornos en las calles con sus barcas correspondientes. Y así anda que te andarás creíamos que íbamos en la buena dirección hasta nuestro retiro. Menos mal que una de mis hijas sospechó que íbamos mal, echó manos del GPS y cortamos por la sano siguiendo las calles de las que hablaba Galdós. Eso nos permitió conocer su oscuridad, el laberinto que representaban y un poco el temor por la escasez de viandantes a aquellas altas  horas de la noche. Al llegar nos esperaba otra sorpresa. 

Resulta que nuestra nueva hija, Isabel, que venía desde Madrid, aun no había aterrizado y eran casi las doce de la noche. No sabíamos si a esa hora funcionaría algún  vaporetto. Nos llamó para decirnos que a partir de las doce ya no navegaban los barcos y que tenía que venir en otro medio de trasporte: un autobús, que paraba en otra parte de la ciudad. Había que esperar por lo tanto a cómo terminaba la aventura.

2.2 Sábado 2 de Noviembre. Día de los Difuntos. 

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Vista de Venecia nocturna desde avión

Hacia las dos de la madrugada nos avisaba Isabel que llegaba en autobús a la plaza de Roma desde el aeropuerto, y que ya diría algo. Cogió un vaporetto que pasaba por dicha plaza y quedó con mis dos hijas en una parada del barco y desde allí acordaran en acercarse unas a la otra  para ahorrarse algo de camino. Así lo hicieron y volvieron a casa juntas por las dichosas calles laberínticas de Galdós. Isabel les contó -en su primera experiencia callejera veneciana- que pasó un poco de miedo cuando venía sola. Normal, menos mal que se encontraron juntas pronto. Eso es algo que Venecia tan turística debería arreglar de alguna forma (aunque se dice tienen muchas cámaras que vigilan).

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Calle con canal nocturna

Mirando en Google información al respecto de las calles, se encuentra alguna pregunta sobre el particular de esa sensación de peligro, de la cual no dice nada Don Benito, en 1888.

Covadonga tras la nochecita tuvo compasión de todos nosotros y se fue a comprar el desayuno a una panadería para degustar repostería veneciana, en la zona que tan bien conocía por su callejeo perdida el día anterior. 

Aunque estábamos pendientes del litigio con el dueño del apartamento por la calefacción y el agua caliente que tenía problemas, pudimos arreglarnos muy  bien y salimos a pasear. Nos dirigimos a las calles del centro más cercanas y encaminamos nuestros pasos hacia el puente famoso que nos indicó Galdós en su libro Memorias de un Desmemoriado. Entramos en algunas tiendas. Una de ellas con muchos vasos y jarras y diversos enseres del famoso cristal de Murano. En otra, la dueña era arquitecta que tenía un local de artesanía; una hija se compró unos anillos que diseñaba de un material especial. La misma artesana nos animó a que fuéramos a la isla de Murano, pues tenía infinidad de tiendas y una iglesia muy famosa con muchos mosaicos en el suelo que representaban distintos pájaros y alegrías del Nuevo Testamento. No debíamos perdérnosla. Vimos diferentes quioscos con periódicos y regalos. A mí me llamó la atención que vendían unas bolsas preciosas con las fotos de  los edificios y palacios más famosos de Venecia, pero en ninguna vi que lo hicieran de las callejuelas largas y estrechas -también con monumentos- que tanto le habían llamado la atención a Galdós. Llegamos a una plaza en la que se veían palomas, tal como indicaba éste, con el hotel donde viajó  Covadonga con su marido Fernando en su primer viaje a Venecia hacía años, del  cual me hice una foto como recuerdo.

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Estación de góndolas

 Por allí vimos una estación de góndolas para viajeros. Otro día tomamos una de ellas, por aquello de lo típico. Y por  fin el Puente Rialto que supera el gran canal, cuyas escaleras estaban abarrotadas de turistas viendo el trasiego de vaporettos y góndolas navegando por el Gran Canal. En un restaurante de la orilla tomamos unos aperitivos viendo nosotros a la vez el espectáculo. Allí decidimos subir en uno de los  vaporettos hasta San Marcos para ver los famosos palacios a ambas orillas de estilo gótico y renacentista. Acertamos porque eran preciosos, a cual más bonito. Paramos en la calle famosa de Vallaresa por sus tiendas de lujo como Tiffany. 

                  

Calle comercial Vallaresa                  

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Puente Rialto

Da al final de la Plaza de San Marcos cuyas dos aceras están plagadas de tiendas y restaurantes con sus orquestas. Recorrimos las dos. Para comer, hacía algo de frío en el restaurante frente a la Basílica y  además completo, por lo cual mis hijas se acoplaron en la terraza y mi mujer y yo en el interior. Al atardecer Covadonga e Isabel asistieron a un concierto de música barroca en sustitución del de Viena, el día de Año Nuevo. Al día siguiente fuimos todos a otro que luego narraremos que fue espectacular, con canciones de Vivaldi a violín, que me impulsó a decir que habían exprimido los violines a una de las conserjes para que se lo dijera a los músicos de la orquesta (no sé si lo entendió).



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            Concierto Violines (Cuatro Estaciones Vivaldi)

 

 El resto de la familia, para compensar nuestro error del día anterior, con la caminata por las calles estrechas y laberínticas que tanto agradan a don Benito, y a nosotros ya también, cogimos un vaporetto hasta casa. Paró en un montón de estaciones, algunas cerca de edificios y otras entre parques con árboles e islas cercanas, hasta llegar a nuestra casa. Este lago viaje nos confundió otro día, pues no paró el barquito donde esperábamos y que luego contaré. Así terminó nuestro segundo día  en Venecia. 

2.3 Domingo 3 de Noviembre

Ante las recomendaciones de la arquitecta de la tienda, decidimos irnos a Murano cuyo vaporetto salía del principio de nuestra calle. Allí nos enteramos que los billetes podían sacarse para todos los transbordadores de Venecia todo el día, y así lo hicimos pensando en el porvenir. Al final compramos para tres días. El barco tuvo su primera parada  en el cementerio, del cual bajo mucha gente a rezar, dados los días que eran -primeros de noviembre- a sus difuntos. La siguiente estación Murano. Una calle muy larga bañada por un canal atiborrado de barcas (no góndolas) con motor fuera borda nos esperaba, lleno de tiendas que vendían  toda clase de objetos y joyas de cristal de Murano, que nos  alegraron el paseo, acompañados de multitud de turistas. Tras un largo recorrido, un puente nos desviaba a un puerto sin salida con muchos grandes barcos. Retrocedimos y seguimos viendo tiendas hasta nuestro encuentro  con  la iglesia de los mosaicos que eran una maravilla por su antigüedad y sus figuras de animales. No llegamos a la misa dominical, pues no había más según el sacerdote. Admiramos los exteriores también muy antiguos y por el mismo camino regresamos a coger el barco de nuevo, viendo las delicias (y comprando), de nuestras joyerías.  Y a comer en Venecia. 

 

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                Iglesia de Murano. Fotos de mosaicos y figuras

Nada más desembarcar al lado de nuestra casa nos dirigimos a comer a un restaurante recomendado de sugestivo nombre: “Il Paradiso Perduto”, que se encontraba cerca del barrio judío. Puesto en funcionamiento el GPS emprendimos el paso por la explanada del puerto hasta la iglesia de los jesuitas que emergía a lo lejos y que conocíamos bien. De allí por las calles estrechas que nos gustaba recorrer, salvando canales por diversos puentes,  llegamos al Paradiso, donde tomamos una opípara comida italiana dentro del local. Fuera en  la larga terraza en la orilla de un canal lleno de las consabidas barcas estaba al completo. Era muy pintoresco. Desde allí una hija nos acompañó de vuelta al apartamento y volvió con sus hermanas a visitar el barrio judío. Les gustó mucho por sus amplias plazas. Yo intenté indagar con un camarero que hablaba muy bien español si por allí había góndolas que nos pudieran llevar a casa, para evitar el largo paseo y matar dos pájaros de un tiro.  Parece que había que negociar por allí cerca pero desistimos y nos fuimos a descansar. Así terminó el día de Murano y sus joyas de cristal. Por la tarde nos fuimos a misa en vaporetto a San Marcos. Tuvimos una experiencia desagradable. Creíamos que la parada de San Marcos estaba en la siguiente, pero en ese instante el barco cambió de rumbo y se fue al otro lado de la laguna. Tuvimos que esperar otro transbordador, regresar, volver andando a la Basílica y ya llegamos tarde a misa. Enseñanza: hay que aprenderse bien las paradas de los barcos. Allí nos encontramos con las dos hijas que fueron andando que sí llegaron a tiempo. Luego nos fuimos todos al concierto de violines del cual ya hemos hablado. Los profesionales habían exprimido sus violines por las notas que nos regalaron. Al terminar el concierto, que parece son frecuentes en Venecia,  volvimos a casa a preparar el viaje del próximo día  a otra isla cerca de Murano, Burano, famosa por sus casas pintadas de colores atractivos distintos y puntillas. 

2.4 lunes, 4 de Noviembre Tal como hicimos el día anterior embarcamos para Burano. 

La primera parada fue en Murano, como ayer, la del cristal famoso, luego nos adentramos en la laguna hacia la nueva isla. Me gustó el viaje porque pronto apareció tierra a la derecha y poco después a la Izquierda, con vegetación variada. Durante varios kilómetros no sabía cual tierra de las dos era Burano. Hasta que al final el vaporetto se plantó en la de la derecha. No se me ocurrió mirar el móvil por falta costumbre. Iba a la aventura preparada  por mis hijas que me hablaron de casas muy bonitas. Los primeros pasos fueron de incertidumbre. Llegamos a una calle larga recorrida por un canal parecida a la de Murano, pero más corta. Vi casas pintadas pero hasta que no llegué a una pequeña plaza no descubrí que efectivamente las casas eran muy bellas y de distintos colores muy llamativos que nos acompañaron en el paseo, entre tiendas de joyas y puntillas interesantes, que hicieron las delicias de las mujeres, sobre todo. Antes de llegar al final giramos a nuestra izquierda superando el consabido puente a otra calle también en un canal, de similares características a la recién abandonada. En la nueva, desembocaban calles estrechas en ambos márgenes, como las de Venecia que me gustaba admirar por lo que afirma  Galdós, que era lo más interesante de Venecia. 

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Burano, calles estrechas y casas con distintos colores 

Cruzamos  a una amplia plaza en la que se encontraba la Iglesia y un alegre mercadillo con muchos puestos de regalos y restaurantes con terrazas. La iglesia era muy bonita y tenía una sucursal de Radio María de España. A la salida vimos desfilar los últimos aviones a reacción por los cielos de Burano con los colores de la bandera italiana,  pues celebraban el Día de las Fuerzas Armadas; tal como sabíamos por las tribunas montadas en días anteriores en la amplia Plaza de San Marcos, donde esperaban al presidente de la República para presidir el desfile Militar. Tras ello regresamos a nuestro barco: dos hijas bajaron en Murano a comprar unos anillos que les habían gustado y volvieron a su aire a Venecia. Mi mujer y mi hija mayor  no me acompañaron en la siesta y se fueron a ver varias iglesias de Venecia que les gustaron mucho, sobre todo las Pinturas. El plano les vino muy bien para encontrarlas por la información que les proporcionaba. Y así acabo nuestro día.

2.5 martes,  día 5 de Noviembre. Día del regreso.

Hoy teníamos que dejar el apartamento. Una hija se las ingenió para buscar una tienda que guardaban las maletas por horas. Y hacia allí dirigimos nuestros pasos. Previamente entramos en una residencia universitaria con claustro que admitían niños. Nos gustó para una posible nueva visita a Venecia y quedamos en buscar los precios.  Luego dejamos las maletas en la tienda y por la zona central de otros días nos dirigimos a la plaza donde se alojó en su día Covadonga, a cumplir con la obligación veneciana: navegar en Góndola. 

Los dos gondoleros muy simpáticos sabían español. Y nos comentaron variadas anécdotas por donde navegábamos. Lo que no oímos fueron los famosos chasquidos de los remos al chocar con el agua que cuenta Galdós en su información. Nos pusieron al corriente de las profundidades: unos dos metros los canales, seis la laguna del mar Tirreno por donde vinimos del aeropuerto y el gran Canal. Nos contaron que en ella se escondieron los venecianos cuando la invasión de los bárbaros porque era una zona pantanosa en aquellos siglos. Las casas estaban apoyadas en troncos de madera que no se pudrían con el agua del mar, al contrario se hacían más resistentes. Como  estábamos cerca del puente Rialto hacia allí se  dirigió la góndola  por varias calles con edificios y palacios  de los que nos trasladaban interesantes datos. Desembocamos en el Gran Canal cerca del puente y nos mezclamos con las diversa góndolas y vaporettos que por allí navegaba. 

Duró poco tiempo pues enseguida volvimos a los canales de la ciudad, sus puentes, sus maniobras al encontrarse con otras góndolas y más edificios significativos de los cuales nos relataban su historia. Nos llamaron mucho la atención: una iglesia muy bella con muchos mármoles y en la cual se casaban por su belleza muchos jóvenes; y otra que a mí emocionó sobremanera: la casa de Marco Polo, el italiano que fue a China, tuvo mando, recorrió la Ruta de la Seda y nos enseñó las costumbres de aquél  pueblo y sus monumentos, como la muralla china y templos, todo lo cual nos contó a su regreso a Italia. Estas informaciones se extendieron por todo el orbe conocido. Cuando descubrimos los españoles América tardamos tiempo en saber que no era China donde creíamos estar. En las paredes de la mansión famosa figuraba la inscripción “casa de Marco Polo”. El regreso estuvo marcado por la comida que realizamos en un restaurante que ofrecía tapas variadas y que al final  repetimos varias. Parece que el viaje en góndola nos abrió el apetito. Luego ya todo fue coser y cantar. Recogimos nuestro vaporetto y al aeropuerto y a Madrid.

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  Casa Marco Polo. Venecia    C:\Users\Flexicar\Desktop\fotos papá\venecia\1739037782087.jpg

             Paseo en Góndola

3 En Madrid: Navidades y Año Nuevo. 2025

Ya en casa, se nos echaron encima las Navidades, pero no nos olvidamos del  Viaje a  Venecia. Recuerdo que eché de menos el vaporetto que nos llevaba en Venecia a todos los sitios;  prefería coger el barco en vez de mi coche o el autobús. Repasé un libro recién comprado con la biografía de Galdós, de la gran escritora galdosiana Yolanda Arencibia, titulado GALDÓS, XXXII premio de Comillas, 2020. Como es lógico busqué información de Venecia. Lo encontré en el capítulo 10. Cual no sería mi sorpresa al comprobar que hablaba poco de Venecia y mucho del resto de Italia que recorrió con su inseparable amigo, Alcalá Galiano; en  aquel otoño de 1888. Así dice: “Además de en La Prensa aparecerán crónicas del viaje a Italia en Liberal de Las Palmas (Venecia y Pompeya… febrero de 1889) y reaparecerán en libro junto con otros escritos viajeros. Viajarán los recuerdos italianos de Galdós en crónicas de prensa por esos mundos, al menos llegarán a La Estrella de Panamá, el diario cubano que dirigió Domingo A. Galdós, hijo de un primo hermano del escritor nacido en Cuba y trasladado luego a Panamá… Se publicó allí el capítulo “Venecia”, extraído de La Prensa. Panamá soñaba entonces con la construcción del canal que estaba en ciernes, y tal vez pareció oportuna… la reproducción de este texto que describe canales “tan bellos como útiles” (p-309). Nada añade de Venecia, de lo que hemos visto en otros escritores líneas arriba, sobre calles y monumentos que han dirigido nuestro destino en esta atractiva ciudad italiana de los puentes y  los canales.

Tampoco nos hemos olvidado de escudriñar las Memorias de un desmemoriado, por si conseguimos rescatar algunos de los pensamientos que Galdós escribe en sus memorias y nos sirva de complemento histórico de nuestra tesis sobre loa Episodios Nacionalesylas comunicaciones, en aspectos en los que, en su desmemoria, Galdós consideró relevantes en su vida. Han sido estos:

  3.1 Galdós Autor teatral (pág. 243 a 248.)

“Promediaba el 1891 cuando yo escribía las últimas páginas de Angel Guerra (…) En aquel tiempo yo no frecuentaba el teatro; de noche no iba nunca, y de tarde alguna vez, prefiriendo la Comedia, por ser muy de mi gusto la compañía de Emilio Mario… Una tarde… Mario… tengo que hablar con usted (Don Benito)… Le habían dicho que Realidad novela podría ser Realidad drama(…) El 15 de marzo de 1891 se estrenó Realidad. Fue esta una noche solemne, inolvidable para mí… El buen éxito de Realidad me movió a  una nueva tentativa al año siguiente, cediendo a las insistencias de Mario y María Guerrero (Actriz). La temporada del 92 y 93 fue brillantísima para la Comedia(…) el 23 de  enero del 93 (el estreno  de San  Quintín), fue el éxito más brillante y ruidoso que hasta entonces obtuve en el teatro… Prodigiosa se mostró María de Guerrero en la duquesa de San Quintín… duró la obra en el cartel cincuenta noches”(Pag 248) 

3.2 Galdós en su casa de Santander (Pág. 252 a 254) 

Para 1894, preparaba Galdós Los condenados y  tuvo que viajar a Ansó, en el Alto Aragón, para inspirarse. Al regresar a Madrid “pasé a Santander donde estaba construyendo el hotel que poseo en el Paseo de la Magdalena. Aunque el edificio no estaba terminado, allí vivía yo con mi familia y allí puse término a mi drama Los condenados. Al propio tiempo que publicaba Torquemada y San Pedro traslade a Madrid mi asendereada persona para ocuparme en los ensayos de la obra cuya gestación me había llevado al pintoresco valle de Ansó. La compañía de la Comedia, dirigida siempre por Emulo Mario, no pudo sustraerse  a la fiebre de mudanza que es el mal endémico de los cómicos españoles. Abandonó el cotarro María Guerrero… cubriendo la baja… con la ilustre actriz Carmen Cobeña… el estreno fue a principios de diciembre. Desde las primeras escenas, parte del público dio en meterse con la obra… Amigos míos… habían notado… (en) los últimos ensayos… un cierto secreto y tacto de codos que delataban la conspiración. Descuidado yo por mi candorosa ignorancia… afronte el estreno tragándome las amarguras de aquella luctuosa noche… todos los interpretes cumplieron como debían… Yo creí de mi deber protestar… Al presenciar el entierro de Los condenados les canté un responso… Creyeron algunos que había estado yo bastante duro… (con) los críticos; pero no me pesa de ello(…).

Cierro el proceso de Los Condenados para consignar que en la primavera de 1914 tuvo Federico Oliver, director y empresario del Teatro Español, la feliz idea de ofrecer a su público la revisión del drama malogrado en 1894… (sin) la menor alteración en el texto de la obra. El éxito fue extremadamente lisonjero.

3.3 Galdós editor (Pag,s 262 a 264)

Tras complejos problemas jurídicos, viéndome dueño de mis obras, resolví establecerme como editor de ellas en el número 132 de la calle de Hortaleza, piso bajo (Madrid)… acometí la tercera serie de los Episodios Nacionales… en primer término Zumalacárregui. Queriendo documentarme… me dirigí a Cegama, Azpeitia, Pamplona, Puente de la Reina, Estella, Viana y otras poblaciones que fueron teatro de las guerras civiles… (en) Azpeitia nació mi abuelo materno, don Domingo Galdós y Alcorta(…) En Azcoitia me metí  en una diligencia  que salió para Elorrio y allí tome otra que a Bilbao se dirigía “. Por entonces sí había diligencias. 

3.4 Galdós académico de la Lengua (Pag.s 268 y 269) 

Cuenta su ingreso en la Academia de la lengua. Contestó a su discurso, “el insigne polígrafo don Marcelino Menéndez y Pelayo. El acto resultó muy lucido, destacándose el admirable discurso de Marcelino sobre el mío, modesto y simple en su complexión. Dos semanas después ingresó en la docta Corporación el gran escritor y novelista don José María de Pereda. Mi amistad estrechísima… me movió a reclamar la honra de contestarle… Pereda fue justamente aclamado, yo no quede mal… Corría febrerillo loco de 1897… En agosto fue asesinado en Santa Águeda el más alto de nuestros estadistas: Cánovas del Castillo… Con silencioso y traicionero andar venía hacia España el siniestro 98.”

3.5 Galdós y la reina Isabel II (Pag.269) 

“En los años 1901 y 1903, frecuentaba yo París…  en este mismo semanario (La Esfera de Madrid) y en multitud de obras mías he referido mis visitas al Palacio de Castilla (avenue Kleber) y las conversaciones que tuvimos León (embajador de España en Francia) y yo con la reina Doña Isabel En las entrevistas en esta segunda etapa había variado visiblemente el aspecto de Su Majestad: a la peluquita rubia… cabellera blanca… Andaba lentamente… pero sus atractivos personales, la gracia, el donaire la dulce ironía de la conversación, no habían cambiado… su corazón permanecía en España… solo trataba de asuntos exclusivamente españoles… Jamás oímos de sus labios una palabra rencorosa.” 

4 Despedida final. 

Con estos resúmenes del libro de Galdós Memorias de un desmemoriado, damos por finalizado este trabajo, en el que hemos querido aprovechar, como un añadido de nuestra  tesis, aquellos aspectos históricos destacado por Galdós en sus memorias. Aunque hace una mención al “año siniestro del 98” (de la pérdida definitiva del Imperio español con Cuba y Filipinas, como más importantes) no da explicación alguna, aparte de su siniestralidad. Nos gustaría saberla y pensamos leer el último libro sobre Galdós arriba nombrado de Yolanda Arencibia, premio Comillas de 2020,  para ver si dice algo, sobre el particular; e incluso de los años finales de Galdós hasta su fallecimiento en 1921, con la primera guerra mundial y la guerra de África. Según veamos, continuaríamos el trabajo con otro semejante a éste.

 

 Foto en blanco y negro de un hombre

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